Una selección de la obra de Los Forrenta Años, de Forges, se inaugurará el 8 de marzo en La Fábrica del Humor.
La exposición, que pudo visitarse por primera vez durante el festival La Risa de Bilbao en Septiembre del pasado año 2010, estará en La Fábrica del Humor jasta el 17 de abril.
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Corría el mes de septiembre de 1977 cuando un pequeño pliego de papel sacudió los quioscos de toda España. Era el primero de los 10 fascículos que conformaban una obra que ambicionaba, como quien no quiere la cosa, diseccionar pormenorizadamente los cuasi cuarenta años de franquismo y plasmar sobre el papel siguiendo el hilo de la narración histórica –ya ve usted–, el mosaico político y social de un período que se había cerrado muy pocos meses antes, con la celebración de las primeras elecciones democráticas. La polémica, claro, estalló porque la obra en cuestión utilizaba para lograr sus objetivos, básicamente, dos herramientas: el rigor y el humor.
En efecto. Los Forrenta años es un libro de historia de 200 páginas hecho con precisa documentación, hecho con innegable espíritu pedagógico, y hecho… ¡con dibujitos!
Realizar un estudio histórico de forma rigurosa es, sin duda, algo verdaderamente subversivo. Pero hacerlo, además, mediante caricaturas, es algo que roza la aberración, pues como ya escribe Jacinto Octavio Picón en 1877, la caricatura «es quizá el medio más enérgico de que lo cómico dispone, el correctivo más poderoso, la censura que más han empleado en todo tiempo los oprimidos contra los opresores, los débiles contra los fuertes, los pueblos contra los tiranos y hasta los moralistas contra la corrupción».
Los problemas, amenazas y presiones para evitar la publicación de aquellos 10 fascículos fueron constantes durante aquel otoño. Y una vez publicado, el autor no se libró de un Consejo de Guerra, como relata en una entrevista que tuve el gustazo de realizarle, junto con Manuel Barrero, para Tebeosfera: «por decir que a Franco no le propusieron para la Laureada sus colegas generales, sino los concejales fascistas del Ayuntamiento de Madrid. Como presenté la correspondiente documentación, me tuvieron en libertad provisional; vino una amnistía, pero yo la rechacé: les dije que como yo no había “delinquido” que nada de amnistía, que sobreseyeran el sumario...y hasta ahora».
La obra de Forges, analizando el franquismo cuando las estructuras del régimen estaban apenas intactas, antecede a la mayoría de trabajos de investigación histórica y sociológica publicados en este país después de la muerte del dictador, y merecería aparecer en todas las bibliografías sobre el tema, entre El siglo XX, Manual de Historia de España, (1990) de Javier Tusell; El régimen de Franco, (1987), de Stanley Payne; España, de la dictadura a la democracia, (1979), de Raymond Carr y Juan Pablo Fusi; España bajo la dictadura franquista, 1939-1975, (1980), de José Antonio Biescas y Manuel Tuñón de Lara; o el tomo XLI de la Historia de España de Menéndez Pidal. La época de Franco (1939-1975), (1996).
El autor –consumado humorista gráfico que desde su obra inicial en las páginas de La Codorniz había pasado a convertirse en una de las firmas más reconocidas en Hermano Lobo y Por Favor, las principales revistas satíricas de la transición–, no utiliza la historia como excusa para realizar un libro de humor gráfico, sino que explica la historia utilizando el humor gráfico como herramienta. Trabajando en cadena, con tinta de Betrunquen y color de Azpiri, se terminaban tres páginas al día para cumplir con la cita semanal en el quiosco. Forges consigue realizar así una obra rigurosa, divertida y valiente, en la que se explican por primera vez a los lectores españoles algunas realidades que el régimen represivo había ocultado o manipulado. El formato, por menos que sencillo no puede resultar más eficaz: cada página se divide en tres viñetas horizontales por las que va discurriendo el hilo narrativo, en forma de texto explicativo, seguido de una escena dibujada que sirve de contrapunto a veces cómico, a veces irónico, a veces cáustico, a veces surrealista a la situación histórica narrada.
En Los Forrenta años, como hará en los millares de páginas que más adelante dedicará a la historia [La Constitución (1978), Historia Forgesporánea (1983-84), Historia de Aquí (1980-1984), Los Veintena –titulada originalmente Grande e General Historia de la Transición– (1996)] se da tanta importancia a la gente de la calle como a los personajes históricos. Por lo tanto, la obra de Forges no es solamente un estudio histórico, sino que aúna inteligentemente varios géneros, pues consigue explicar la historia a base de desmenuzar las razones políticas y analizar el tejido social, aliñando la crónica pura con anécdotas sabrosas.
El humor de Forges, a pesar de la posición ideológica del autor, nunca busca zaherir ni atacar. Forges consigue un efecto humorístico mordaz mostrando lo absurdo de la realidad desnuda. En palabras de Luis Bares el humor de Forges «no es cruel, ni sarcástico; al contrario, siempre es fácil encontrarle una dimensión entrañable, una ternura comprensiva y cariñosa. Forges domina especialmente el chiste político, porque ha sabido desmitificar al político, volver del revés el universo de pretensiones y ambiciones, enseñando su calidad humana, tan mezquina y tan vulgar como la del resto de los profesionales.» Acaso por esta dimensión del humorismo Forgiano, una obra tan contundente como Los Forrenta años, publicada en un momento tan complicado, logró una gran acogida popular. La obra de Forges, maciza, recia y contundente, no supuso una piedra en el camino que conducía hacia la recuperación de las libertades, sino que se utilizó como material para construir los cimientos de la España democrática. No hay mejor manera de afrontar la incertidumbre respecto al futuro que aprender de los errores del pasado.
Los Forrenta Años no constituyen solamente un testimonio sumamente esclarecedor de un período histórico concreto –y ciertamente nefasto–, de la historia de España, sino también un monumento al humor como herramienta para analizar la realidad y aunar las conciencias más allá de las propias ideologías, como leemos en la nota final de agradecimiento:
«…y quiero agradecer especialmente a todos los lectores que supieron anteponer su sentido del humor a sus ideas políticas, porque el día que los españoles sepamos reírnos de nosotros mismos seremos hermanos».
Jaume Capdevila, Kap
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